Veía como su sangre opaca recorría todo su cuerpo, formando un charco que ya sea hacia perceptible en el suelo. Sosteniéndola como un príncipe carga a su doncella, hundí la daga más y más en su vientre, mientras veía como se extinguía su belleza, y la luz de sus ojos se apagaba para siempre. Esta no era una escena de amor, era una de traición y muerte. El por qué fue algo que nunca llegué a entender.
¿Por qué le amaba a él y no a mí, después de que yo le había dado el mundo? ¿Por qué me mintió por tanto tiempo? ¿Por qué no le importo que sin ella mi vida no tendría sentido? ¿Por qué me hizo volar al cielo para después arrancarme las alas y dejarme caer en abismo? ¿Por qué me traiciono? ¡Maldita belleza! ¡Maldita perfección que me ató a una condena de infinito sufrimiento y desamor! Pero esto se acababa en ese mismo momento. Era una noche de tormenta. La lluvia golpeaba el techo de la habitación, y los relámpagos alumbraban la oscuridad, cuando de pronto blandí mi daga para darle en su garganta la cuchillada final, y le dejé caer en su propio charco de sangre. Ella tan bella y perfecta, ahora estaba muerta. ¡Dios implacable, la había asesinado!
De un momento a otro y sin darme cuenta, desperté en mi cama entre sudores y temores, paralizado completamente. Aun sin poder pensar por el miedo que sentía respirándome en mi espalda. ¿Qué broma pesada y sanguinaria me había jugado mi mente? Una pesadilla parecía ser, aunque no del todo incierta, pues los relámpagos alumbraban mi ventana, y la fuerte lluvia nocturna golpeaba violenta en el techo de mí recamara.
En la oscuridad absoluta, fui víctima del más tenebroso y cruel horror que un ser mortal hubiese sentido jamás, y sin poderme controlar, irrumpí en el llanto más miserable que en mi vida había tenido lugar. ¿Qué significaba esto? Nunca he menospreciado el significado de los sueños, pero esta pesadilla se salía de la cordura, de la normalidad, únicamente posible en la absoluta locura. Me paralizaba de miedo el solo evocar cualquier imagen de aquel infierno, de aquel imaginario momento.
¿Seria alguna vez capaz de hacerle daño a la persona que más he amado en mi vida entera si esta me llegase a traicionar? Pero aun cuando ella nunca lo izo, soñé y viví dicha desgracia. El por qué fue algo que nunca llegué a entender.
Desde aquella noche de tormenta, desde aquella funesta pesadilla, nunca volví a dormir de nuevo. Mi vida cambió completamente. Se había apoderado de mí un mortal veneno: el miedo. Ya nunca más volví a pronunciar más palabras de las necesarias para vivir, y aunque estuviese siempre en constante lucha para evitar recordar aquella pesadilla, en mi mente no existió más que esta. Nunca pude dejar de pensar en aquellas espantosas imágenes, en aquel oscuro y cruel significado, pero peor aún, nunca dejé de amar a dicha mujer, a ese perfecto y bello ángel, que día a día en mi mente asesinaba. Mi familia, amigos y cercanos no tardaron en percatarse de mi nueva condición: dejé de asistir por completo al colegio después de algunos días en donde no pude soportar más la presencia de la gente; me encontraba la mayoría del tiempo meditando con mis pensamientos a solas, atormentándome más y más, casi que voluntariamente, mas sin embargo mi constante temblar e inseguridad confirmaban que odiaba mi maldición. Pasaron varios meses, sin que estos fueran mucho tiempo, en donde viví en el autentico infierno, pero nunca moría para liberarme de este. Los daños tanto físicos como psicológicos se hacían visibles en una persona que día a día tenía un aspecto cada vez más y más miserable. El destino me había elegido para llevar a cuestas la más terrible de las maldiciones. El por qué fue algo que nunca llegue a entender.
Hasta que un día, después de tantas lagrimas derramadas, de tanto dolor, de tanto miedo, de tanto terror, decidí que mi vida no podía acabar allí. Me harté de llorar, de sufrir y de lamentarme tan solo por una pesadilla que yacía en el pasado, aunque paradójicamente la revivía en cada segundo que pensaba en ella, lo cual era siempre. Me cansé del dolor, y llegué a la conclusión de que lo único que importaba era ser feliz, aunque esto fuera tan solo por unos segundos. Y reflexionando largo rato, cosa en la que ya era un experto, di con la única cosa que podría hacerme feliz en ese momento, la única persona que había amado segundo a segundo mientras sufría dicho tormento: mí amada pareja. Y aunque mi corazón le perteneciera, mi miedo y terror también, pues a lo único a lo cual realmente le temía era llegar a hacerle daño alguno. Mas sin embargo luché contra mi pesadilla de la cual parecía estar enamorado también, venciéndola parcialmente, olvidándome de ella y disponiéndome a encontrarme con mi pareja ese mismo día. Me arreglé como pude, pues mi insomnio causó estragos considerables en mi rostro. Lo cierto es que entonces no me importó, pues solo quería verla, olerla, tocarla, sentirla… Estaba loco por amarla de nuevo. Sus repetidas y constantes llamadas, visitas y preocupaciones me hicieron convencerme de que ella aun me amaba, y así pues me dispuse a devolverle una de esas llamadas después de seis meses de aislamiento total. Cuando escuche su voz, fue como si la luz del sol me alumbrara después de una eternidad de oscuridad. ¡Como extrañaba la melodía con la que mi corazón danzaba! ¡Como pude olvidar amarla de una manera tan extraordinaria! Parecía un sueño perfecto el escucharla tras kilómetros de distancia por un altavoz. Aun recuerdo mi arrepentimiento por la preocupación y tristeza que cause en ella. Era real, era verdadero, después de haberla asesinado tantas veces en mi mente, ella aun me amaba con todo su corazón. El por qué fue algo que nunca llegue a entender.
De este modo nuestra cita apresurada y tan esperada se llevo acabo ese mismo día. Cuánto tiempo soñé con aquel instante es algo que ya no recuerdo. Me dirigí sin miedo y con entusiasmo a su gran vivienda, donde me esperaba alumbrando mi oscuro agujero con su más profunda y clara belleza. Y allí estaba parada en el portal, con lágrimas recorriéndole sus mejillas mientras yo caminaba como en sueños hacia ella. No recuerdo quién hecho a correr primero, mas sin embargo, en poco tiempo y tras pocas palabras, nos encontramos en su habitación abrazándonos, besándonos, acariciándonos y amándonos una vez más. Sentir la humedad de sus labios en los míos, el calor de su cuerpo abrazándome y su amor infinito recorrer mi cuerpo, fue sin duda como volar en el cielo tan alto que no quise nunca más despegarme de su lado, y mientras avanzaba la noche consumamos todo nuestro amor y nuestro deseo. Las estrellas fueron testigos del eterno pacto que formamos entre caricias y besos. Y cuando todo había acabado, cuando sentí su hermoso y prefecto cuerpo desnudo a mi lado, cuando sentí su corazón con el mío entrelazado, mi pesadilla mortal abordo mi mente de una forma tal como nunca la había visto llegar. El por qué fue algo que nunca llegue a entender.
Y mientras ella dormitaba en mi regazo, imágenes empezaron a invadir mi mente como mil agujas ardientes que se clavaban en mi corazón, destrozándolo lentamente. Y de nuevo las imágenes las vi: la vi a ella con otro hombre, entregándole su pasión y deseo, esos sentimientos que creí que eran míos para siempre, y los vi burlarse cruelmente de mí, de mi tristeza y de mi llanto creciente, y la vi tan pura y perfecta pecar con un mortal que nunca mereció su presencia “¡Dios mío! ¡Dios inclemente!” Rogué en ese instante. “Por favor apaga esta rabia y ese odio que en mi interior crece. Te lo pido, apacigua mi cólera que solo acabara con una muerte”. Pero Dios no existió en ese instante, ni nunca lo hizo, y en ese momento me di cuenta de ello, pues mi ira irracional e imaginaria nunca se apagó, mas bien crecía con cada respirar de mi amada que yacía dormida, inocente de lo que ahora me disponía. Y aunque traté de calmarme con todas mis fuerzas, fue en vano mi lucha, pues el demonio que en mi interior vivía había despertado de su pesadilla, había despertado para quedarse allí por siempre.
No pude controlar mi reacción y aversión cuando vi una daga posada insistentemente en la mesa de noche ubicada continua a la cama. Un tipo de decoración o lujo que se hacía tan presente en mi mente, ya manipulada por aquella pesadilla, en aquel tenebroso incidente. Me dispuse de todo mi odio, mi antipatía y rencor para despertar con un beso profundo y húmedo a la mujer que había amado con todos mis sueños, volteándola en la cama, quedando encima de ella. Y mientras besaba sus labios, mi mano había empuñado el arma que yacía en mi presencia, y la blandió rápidamente contra la garganta de mi victima, la cual le daba la bienvenida a su muerte. Me separé de aquella traicionera y perfecta mujer cuando arranqué la piel de su cuello, cortando alguna vena de la cual empezó a brotar sangre constantemente. Mi llanto era implacable y las lágrimas caían sobre el rostro de mi amada que gritaba impactada por tan macabro destino. Pero yo no paré ni por un segundo, el demonio que me dominaba yacía loco de sangre e ira. Le seguí apuñalando sin compasión, atravesándole el corazón repetidas veces, hasta que sus gritos se empezaron a ahogar por la llegada de la muerte; y una vez más fui testigo de cómo su belleza se escapaba de su cuerpo, y la luz de sus ojos se apagaba para siempre, más mi llanto nunca cesó. Cuando la policía llegó, en la escena del crimen solo encontraron a una joven mujer desnuda con demasiadas puñaladas para salvar su vida, y un hombre joven con indicies de locura postrado en su regazo, empuñando la daga asesina, llorando y gritando.
Y desde ese momento, siempre, cuando me envuelvo en la oscuridad de la noche, bajo el clamor de una tormenta, en una celda de cárcel vacía, deprimente y solitaria, ya sin ninguna luz que me alumbre, mi alma vagabunda no para de gritar: ¡Por favor! ¡Quiero despertar!
Y Aunque se que todo esto es tan real como la sangre que siento baña todo mi cuerpo, tan real como estas manos que le arrebataron la vida a todos mis sueños, tan real como la soledad, como el miedo, mi único compañero .Y aunque se que es real sigo gritando, esperando despertar en cualquier momento. El por qué es algo que nunca llegare a entender.
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