domingo, 08 de marzo de 2009

Amanece en aquella olvidada metrópoli, aquella ciudad maldita en donde las personas ya no aman, ya no odian, ya no ríen ni tampoco lloran, solo caminan, y mueren, pero no les importa, la inercia vacía les mueve y pareciera que les diese vida y creen estar bien, pero no lo es, es la desesperanza y la desilusión lo que les ha arrancado el amor, los que les destruye el corazón, y que no les permite mirar mas halla de la nada. Pero engañados siguen sus vidas creyendo en mentiras, en un mañana que nunca llegara, y en un pasado que no existió, están paralizados en medio de su envida, de los odios y resentimientos que ahora les guían, y que pareciera que les diese la verdadera seguridad, su ansiado bienestar. ¡Cuanto amo a estas personas, a este odio! ¡Estoy enamorada de la increíble capacidad que tienen de destruir lo que aman! ¡Lo hacen, y me encanta!

«Es en las calles  esta ciudad donde una niña abandonada, careciente de pasado, tan solo tirada en la acera, lloró por su fatal destino, por su suerte, por sus desgracias. Sorprendida, se enamoró del frio, del asfalto que sostuvo su espalda, de la lluvia que mojó sus pequeños pies desnudos, enamorada del sentimiento, del odio que tenia y tiene contra el mundo. Tan solo de 6 años y ya sabe lo que es el hambre, la fatiga, la sed, la tristeza y próximamente la muerte. ¿Le quedara esperanza a esta desgraciada infante que llora al sentir que el final le respira en la nuca? ¿Por qué quiere vivir, si su vida solo esta llena de sufrimiento, engaños y tristezas? ¿Le gusta sufrir?, eran sus pensamientos, sus temores, sus reflexiones, su amargura, sus horrores. Pero también le generaba éxtasis esta situación, un pervertido amor por el dolor ¿Por el dolor? No, por el infortunio, y por la casualidad que siempre termina en tragedia.

― ¿Te encuentras bien, pequeña?― Preguntó un joven y apuesto habitante de la ciudad, que se acercó junto con su pareja. La niña en cuestión calló, mirando al vacio, con las lágrimas recorriendo sus mejillas, solo calló y nada más.

― ¿Qué te ha pasado? ¿Donde están tus padres? ― Prosiguió el joven, observando cómo esta vez si logró conmover a la niña, haciéndola voltear su pequeño y angelical rostro hacia aquel amble sujeto.

―Muertos, están muertos y no van a volver. Yo estoy esperando también a morir. ―Es la respuesta que heló la sangre del joven y que impresiono a la atractiva y rubia mujer que le acompañaba. La niña le sonrío a la muerte que sintió venia por ella, mientras la pareja asombrada observó aquella funesta imagen, ahora eran ellos los que callaron estupefactos, y se sentían ignorantes, se sentían estúpidos, impotentes, se daban cuenta de su naturaleza, de su verdad.

― ¿Puedo vivir con ustedes? No tengo a donde ir, y realmente quiero vivir un día más. Parecen ser felices juntos, quisiera ser parte de esa felicidad, claro esta si ustedes me lo permiten― Los modales de la niña, les impresionaban aun más, ¿Cómo es que niña tan educada pudiese estar tirada echa una repulsión? Hija de gitanos no es, tampoco inmigrante, ni tampoco pobre, su acento indica una aristócrata  rica y culta. ¿Qué estaba haciendo en la calle entonces? Más sin embargo seguían callados, con una expresión de estupidez e incompetencia reflejada en sus ojos. El silencio continuó en la fría calle, espectadora de esta escena.

―Entiendo su respuesta. No se ni como lo creí posible, esta grandiosa virtud mía de ilusionarme con sueños vacios, pero debo confesar que lo alcance a percibir, a imaginar, la vida con una joven pareja orgullosa de su hija adoptada. No, no lo creo. Siento haber robado su tiempo, pueden seguir ahora con su camino. ― Era una voz dulce y melodiosa que haría conmover hasta el mas frio demonio del averno. ― ¡Ah si! No me olviden en su muerte― Otro de las palabras inesperadas, que destruyó la razón de la joven pareja que en poco tiempo rompe en un llanto impotente e inclemente. Más sin embargo, este llanto les permitió hablar.

―Pasaras esta noche con nosotros, pequeña. ― Dijo la joven entre sollozos suspiros. La niña observó curiosa a la joven pareja, desde su oscuro rincón. Su sonrisa parecía diabólica para cualquier mortal que la estuviera viendo, pero era angelical para los hipnotizados jóvenes que morían por abrazarla y darle el amor que acababan de descubrir que existía en su interior. ― ¿Quieres venir con nosotros? No tenemos mucho dinero, pero seguramente que encontraremos una habitación donde puedas vivir. No deberás preocuparte por eso, juntos lo solucionaremos como una familia― Respondió por fin el joven a la niña, la cual sonreía dulcemente a sus nuevos padres.

Y así, en menos de una semana ya eran una familia basada en las mentiras,  en la hipocresía, en una relación vacía, pero eran felices y eso era lo que les importaba. Se volvieron la envida de la ciudad entera,  albergan un sentimiento, aunque ilusorio, que los demás no tienen: felicidad. Y cuando surge la desigualdad, el odio con ella, pero a nuestra familia no les importaron nunca los demás, solo les importaba su preciosa hija, que aunque de la calle fue recogida, alumbraba el hogar con sus gestos de amabilidad y gracia, de perfectos modales, y de un siniestro desinterés que hacía que la pareja se enamore más de esta.

Los años pasaron, y todo cambio, más no apareció ninguna desgracia, todavía. La joven pareja se volvió adulta, y aunque en esta ciudad, donde todos caminan solitarios, era extraño y peculiar que este par de farsantes siguiesen juntos, su preciosa y pequeña hija putativa, razón de vida y envidia les encadeno por medio del amor desenfrenado. Separarse era impensable, eran felices, diferentes a todos los demás, y nunca quisieron cambiar ese destino por ningún otro.

Conforme pasaron los años el aspecto de la joven y hermosa pareja aristócrata, se estilizo y desarrollo. El dorado de los rizos del joven, ya todo un hombre, a blanco plateado cambio, tan solo pequeñas hileras de amarillo se asomaban por lo que aun era una abundante cabellera que generalmente iba recogida en una elegante cola de caballo; una refinada barba grisácea le crecía, la cual al ser recortada finamente le daba un toque de sabiduría. Las arrugas y la confirmación de los gestos fuertes pero finos en los dos se izo evidente, la joven ya convertida en toda una dama, se acorto su cabellera, aun conservando su dorado característico, sin embargo el maquillaje estilizado y los aretes de perlas reflejaron siempre la imagen de una mujer adulta en el éxtasis de su belleza.

En total la  hermosura y perfección de ambos nunca desapareció, eran delgados y esbeltos, con sus finos y costosos trajes, que muy pocas veces cambiaban de tonos oscuros y que a preferencia de su hija eran en su mayoría de un negro mate muy elegante. Mas sin embargo algo ocurría, algo inexplicable y tenebroso, algo anormal, algo que le hubiera congelado la sangre a cualquier mortal, pero a estos dos parecía no importarles. Cegados por el amor embriagante de su hija, nunca se dieron cuenta que esta, en los 10 años desde su adopción, no había crecido en lo absoluto, y no solo en estatura, su aspecto físico era exactamente igual a la oscura noche en donde la encontraron tirada en la calle.

Exactamente igual de bella, de elegante, de perfecta, de inocente y tierna. La misma niña de no menos de 8 años, con su angelical rostro sin imperfección alguna, simetría perfecta, y ojos azules y profundos, que en ningún momento mostraron gesto de ingenuidad o infancia, más bien era siempre la mirada de una adulta sabia y madura. Una niña era, y siempre lo fue, su corto y en excesivo bello cuerpo, sus pequeñas y delicadas manos, su dorada cabellera larga y sedosa,  siempre lo confirmaron, su pureza era en exceso desmedida, una belleza oscura y elegante, su piel pálida, casi blanca se mesclaba perfectamente con los negros y largos vestidos que a menudo utilizaba, una sonrisa inocente y siniestra la hacían toda una aristócrata delgada, bella y elegante. Una niña que nunca pasaba desapercibida. Pero existían situaciones en las que todo menos una niña de 7 años parecía, sus apuntes en extremo profundos y siniestros, reflejaban en ella seguridad y madurez que incluso superaba a la de sus padres, cualquier ciego que la oyese juraría que esta escuchando a una mujer adulta con una voz en extremo delicada e infantil exponer sus puntos y discusiones. Al fin de todo, esta pequeña nunca pasaba ni paso desapercibida, siempre fue el centro de atención de toda reunión o fiesta, pero a ella nunca le importo esto, de hecho nunca demostró interés por absolutamente nada, lo único que hacia era enamorar más a sus orgullosos padres putativos y enloquecer más al público que la aclamaba.

Eran, los 3 en su conjunto, la envida de la ciudad. Una pareja, refinada y elegante, que gracias a su hija putativa tan exquisita y a la vez misteriosa, había descubierto el valor de su existencia. Pero ignoraban el misterio que se escondía en la oscuridad de la noche, pues nunca se dieron cuenta que su hija nunca se atrevía a ser iluminada por la luz solar, la familia había adoptado un hábito nocturno nada común: dormían durante el día y vivían en la noche.

El engaño de amor filial llegó a ser tan grande que después de 12 años exactamente de haberse topado con la alegría de su vida, la madre de la familia resulto embarazada por su compañero. ¿Otra luz que iluminase sus vidas? Difícil de explicar la reacción de la pareja ante este inesperado acontecimiento. Buenaventura se suponía que significaba el nuevo bebe, mas como lo amo su madre en su misma concepción empezó a odiarle, el miedo a que arruinara sus perfectas y falsas vidas se hizo evidente. Y finalmente, en una noche tan fría como la primera, la niña (pues mujer era) nació y así mismo creció en medio de la indiferencia que su hermana putativa generaba al robarse la atención de todos, y así como creció su tristeza, el odio por todo los que le rodeaba aumento en igual medida. A la bebe que después de un tiempo ya era una pequeña niña tierna de 8 años nunca le falto ningún lujo, ni comodidad, solo le falto un poco de amor que menguara la rabia y resentimiento que día a día crecía en su interior. Y así se paso la vida hasta el final esperado, porque aunque vivían plácidamente consientes eran de su gran mentira: entre la pareja no existía el amor, solo obligación; lo que sentían por su hija tampoco era amor, solo obsesión. Pero igualmente siguieron creyendo la mentira, sin saber que la muerte les respiraba en la nuca, sin saber que su final era inevitable, sin saber que su sentencia había firmado desde la noche fría que apareció ella en sus vidas. »

¿Quién? Sigan leyendo…

Escribo esta carta en medio de una noche de invierno, la escribo viendo sus cadáveres desangrarse en el suelo, a esa pareja tan fina y bella atrapada por el cuerpo cruel y perfecto de la muerte. Hace unos minutos que mi padre dejo de luchar contra el destino que le impuse. Lo vi retorciéndose sin ninguna vergüenza en el suelo mientras, la palidez abrumaba su piel y el color de sus ojos se extinguía. ¡Vaya imagen! Hace tanto tiempo que no veía una parecida.

Esta es una noche sangrienta, oscura, tenebrosa y fría. Hace tanto tiempo que no sentía tanto éxtasis al asesinar, que sepa mi lector que he sido artífice de múltiples crímenes en esta ciudad, pero después de todo no es mi culpa, es este odio que no me deja en paz, este odio que solo se puede expresar al arrebatarles la vida a las personas que lo merecen. Y es que el sentimiento de ser cruelmente abandonada en la nada, vulnerable y entregada sin que a nadie le importara al peor de los demonios ¿No es razón suficiente para odiar al mundo que me creo?

Y mi hermana, siempre me intereso, tan pequeña como siempre, tan perfecta y ahora tan inerte. Por fin se apago la luz de su vida, y de su sangre me alimento ahora. Es quizás el espécimen más puro y perfecto de toda esta maldita familia, con su desinterés y odio. Realmente nunca sentí envidia por ella, más bien me enamore de sus labios, de su tez blanca como la nieve, me enamore de su vida, y quise que fuese mía esa perfección, que todo el mundo se empezase a enterar de mi existencia, como lo hicieron de la de ella aunque al parecer nunca se dio cuenta. Siempre tan desinteresada, siempre tan perfecta.

Y ahora, querida hermana, que los años han pasado, lo se por fin. Nunca llegare a ser la sombra de lo que tú fuiste. Es misteriosa tu existencia, pero a la vez perfecta porque de alguna manera se que fue por un puro y verdadero amor. Coma tu carne o beba tu sangre nunca superare mi obsesión por el dolor, por el infortunio, por el némesis de tu creación, ese némesis que nunca podre poseer. Y mi lector se preguntara ¿Quién soy? Pues soy la causa de este escrito realmente, ya que de no haber aparecido hace ya 20 largos años, ni pareja, ni hermana existiría entonces. Hermana, mi hermana, que siempre rechazada, fue realmente la privilegiada aunque ella nunca se llego a dar cuenta de aquello, y de que su odio alimentaba mi espera y mi sed de muerte.

Y ahora muerta como estoy, y como lo he estado desde hace tanto tiempo que ya ni puedo recordar, no me queda más de otra que volver a vagar en la esquina, esperando, así como hace dos décadas a que cualquier humano iluso se enamore de mi cadáver. ¿Quién no lo haría después de todo? Estaré siempre condenada a buscar lo que tú hermana mía, tuviste y yo nunca podre alcanzar: la vida.

 


Tags: Vampiros, Muerte, Familia, Sociedad, Critica

Publicado por xnolx @ 20:42  | Cuentos
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